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miércoles, 1 de marzo de 2017

Diez cierros dobles barrocos I

En el edificio de la entrada anterior apareció un gran cierro doble con cubierta de trazo curvilíneo del que dijimos que muy probablemente tenía una tipología genuina de la arquitectura barroca popular de San Fernando. Proponíamos entonces dedicar una entrada a mostrar ejemplares existentes aquí y allá en el caserío antiguo de la ciudad.
Con esta idea se han elegido como muestra diez de estos cierros para crear una galería de fotografías donde también se han incluido otras en las que se aprecian los detalles de los curiosos adornos de hierro –florones y filigranas- que algunos poseen en sus cubiertas. He aquí la galería de fotos, dejando a los cañaillas amantes y conocedores de su ciudad la localización de estas magnificas muestras de la arquitectura popular de La Isla.














martes, 14 de febrero de 2017

Casa con el año de su construcción escrito en su almena central


Siguiendo el orden del plan esbozado en la entrada preliminar de 29 de agosto de 2016 sobre grandes almenas barrocas, ahora le toca el turno a un esbelto edificio que se halla casi enfrente de la iglesia de san Francisco de Asís. Se trata de una casa singular que, después de su restauración-reconstrucción, muestra elementos decorativos pictóricos de color rojo, tanto en un adorno en forma de greca como en otros dibujos de naturaleza geométrica ubicados en sus almenas. Como se ilustra en la primera fotografía expuesta, llama la atención la fecha que figura en la gran almena central y que sirve para datar la construcción de la casa original.


El edificio se presenta como un gran rectángulo de lados desiguales, siendo el de menor longitud el que constituye la base del lienzo de la fachada. Este hecho le confiere un aspecto en el que predomina la verticalidad. Esta característica se ve reforzada por carecer de cornisas que separen las plantas del edificio, exceptuando el caso de la cornisa superior, cuya principal función es resaltar el pretil almenado de la azotea. Normalmente, las cornisas horizontales constituyen elementos que contribuyen a equilibrar otros –especialmente los pilares- que resaltan la verticalidad de las fachadas. De esta manera, lo vertical se armoniza con lo horizontal, como puede apreciarse en los edificios mostrados en las entradas anteriores. Sin embargo, en este caso, la casi ausencia de cornisas y la geometría rectangular dispara la sensación de verticalidad del inmueble.


La parte de la fachada correspondiente a la planta baja presenta unas características diferenciadas del resto, ya que, por una parte, en ella se ha dejado a la vista la piedra ostionera tan frecuente en los edificios antiguos de San Fernando y, por otra, aparecen dos elementos muy característicos del barroco popular de La Isla, a saber: una portada con una elegante chambrana y un doble cierro con cubierta de trazo curvilíneo (1).
El resto de la fachada, hasta la cornisa superior, se caracteriza por poseer seis grandes vanos rematados por arcos rebajados. Están situados de tres en tres, en hileras alineadas con los dos pisos superiores. Los primeros se abren a un amplio balcón que abarca casi toda la anchura de la fachada. Mientras que los tres siguientes, correspondientes al último piso, constituyen las respectivas puertas de entrada a tres pequeños balcones. Se tiene, pues, que cada planta presenta un aspecto distinto de cara a la calle, pero que todas ellas conforman un conjunto armónico de equilibradas proporciones.


La parte superior constituye el pretil almenado separado del resto de la fachada por una gran cornisa subrayada por una sencilla y elegante greca de color rojo. Como puede apreciarse en la primera de las fotografías expuestas, la gran almena central se despliega sobre el pretil con un intrincado perfil de trazos curvos. La decoración de carácter geométrico a base de gruesas líneas rojas configura un espectacular medallón en cuyo centro se puede leer “AÑO 1766”, fecha que con toda probabilidad se refiere a la construcción del inmueble. El pilar central de la almena tiene dos cornisas: una estrecha a unos palmos por debajo de su extremo superior y otra ancha en dicho extremo (pilar que es su momento codificamos como del tipo G02RECT). El conjunto culmina con una figura geométrica de carácter bulboso decorada en franjas rojas y blancas, y un pináculo redondeado de color verdoso. Hay que señalar que hemos observado que los remates con elementos geométricos en forma de bulbo aparecen en otras antiguas almenas de grandes proporciones. Por tanto, puede decirse que constituyen un elemento propio de parte del conjunto de las almenas barrocas construidas en el siglo XVIII.


Las dos almenas laterales que delimitan el extremo superior de la fachada son típicas almenas G02RECT: pilar con dos cornisas; remate a base de cuerpo geométrico, en este caso un tronco de pirámide de lados curvos (ver figura); y un adorno en su parte superior, que aquí adquiere la forma de pomo ovalado similar al que encontramos en la almena central. (Si se observa el adorno con detalle en la fotografía ampliada parece que es de naturaleza metálica).


Nos encontramos, pues, ante un hermoso y original edificio barroco cuya fachada ha sido salvada, contribuyendo así a la conservación de lo que aún queda del singular conjunto arquitectónico que en su día fue la calle Real de San Fernando en su totalidad.


(1) Probablemente este tipo de cierro es genuino de la ciudad de San Fernando, y aunque no son muy abundantes tampoco son extremadamente raros; naturalmente algunos ejemplares son mejores que otros, tanto en su factura como en su conservación, pero todos ellos constituyen un conjunto de elementos muy interesantes de la arquitectura popular de la ciudad. Nos proponemos dedicar la próxima entrada a realizar una pequeña galería fotográfica de ejemplares que hemos localizado en el caserío antiguo de La Isla.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Almena singular en una gran casa de la calle Real


En la entrada anterior se mostraron un conjunto de robustas almenas (desplegadas) decoradas con listones y grecas de color rojo. A juzgar por sus características, proponíamos la hipótesis de que debían ser las más antiguas de San Fernando. Ahora vamos a dedicar una serie de entradas a situarlas en los edificios que las albergan, mostrando sus fachadas y el resto de almenas con las que están adornados. Siguiendo el orden con que fueron expuestas en esa entrada preliminar, comenzaremos con la almena singular que volvemos a mostrar en la primera de las fotografías de esta entrada.
Esta almena está situada en una casona de tres plantas que ha sido restaurada-reconstruida conservando todos los elementos de la fachada y el singular torreón que corona la parte superior izquierda del edificio (ver las fotografías siguientes)



Como se aprecia en las dos fotografías que se expone a continuación el edificio tiene bastantes elementos singulares que no se encuentran en ningún otro de la ciudad. A saber, la gran almena en la parte central del pretil de la azotea; los dos enormes contrafuertes, de elaborado perfil barroco, situados sobre el pretil del edificio; el torreón con cuatro almenas en las esquinas y, finalmente, una profusión decorativa a base de franjas, listones, y grecas de elaborado diseño.



El edificio tiene tres plantas –además de la azotea y el torreón-, que se manifiestan en la fachada mediante tres lienzos horizontales separados por cornisas de distintas anchuras. Los elementos que aparecen en cada uno de ellos son diferentes, tanto en el tamaño como en la decoración. Así, la planta baja, que muestra la piedra ostionera de la construcción original, cuenta con dos grandes cierros y un enorme pórtico adornado por una austera chambrana de líneas sencillas que enmarca la entrada del edificio.
Las dos plantas superiores son completamente distintas. La primera de ellas cuenta con tres balcones provistos de grandes vanos rematados por arcos rebajados y ribeteados con molduras de moderada elaboración (ver fotografías); la segunda, más estrecha, tiene tres balcones más pequeños que originariamente tendrían amplios vanos con arcos rebajado, pero que posteriormente han sido reducidos para adaptarlos a la funcionalidad de las viviendas actuales. Se mantienen, sin embargo, las anchas molduras que conservan la forma de dicho arco y que destacan al estar pintadas de un color diferente al blanco predominante en la fachada del edificio.



Como adelantamos al principio, por encima del lienzo horizontal de la última planta habitable todo son novedades respecto a los elementos que se observan en otras casas de la arquitectura tradicional de San Fernando. Se comienza con una franja delimitada por dos cornisas donde aparece una magnífica greca de color rojo. Arriba, coronando la fachada, se sitúan de forma armónica el conjunto de elementos singulares que ya hemos citado. A saber, la gran almena en el centro, dos robustos contrafuertes de contornos barrocos a los lados y, en la parte izquierda, el torreón con su elaborada decoración y sus cuatro almenas en las esquinas. La almena central parece un medallón en la que no existe un pilar que sirva de columna vertebral a la estructura; es más, la parte central está horadada por un hueco pentagonal de lados curvilíneos (ver fotografía), con lo que se subraya la inexistencia de un pilar central. Así pues, en este caso, la almena carece de los distintos elementos diferenciados que se observan en las muchas que existen en la ciudad. Hay que se exceptuar la pirámide con la culmina en su parte más elevada, que sí es abundante, pero que en este caso pasa casi desapercibida ante la exuberancia decorativa de la almena. El complejo diseño barroco, que se puede examinar detenidamente en la primera de las fotografías expuestas, se ve resaltado con las franjas de color rojo características del edificio.
Las cuatro almenas de las esquinas de la azotea del torreón son de pequeñas dimensiones si se comparan con los demás elementos decorativos del edificio. Como puede apreciarse en la figura lateral, están constituidas por delgados pilares que culminan con cuerpos geométricos formados esencialmente por dos figuras piramidales superpuestas. Probablemente, las originales eran diferentes y desparecieron cuando el edificio se reconstruyó. De cualquiera de las maneras, el diseño actual no desentona ni con el torreón ni con el edificio. Ojala todas las rehabilitaciones se realizaran con el esmero que se ha utilizado para conservar el aspecto de esta antigua casona de La Isla.


lunes, 29 de agosto de 2016

Antiguas almenas barrocas decoradas con color rojo ocre (preliminares)



Existen en San Fernando un pequeño conjunto de antiguos caserones que poseen unas almenas muy peculiares. Probablemente sean las más antiguas de la ciudad, y en ellas se podrían señalar tres características principales. A saber, i) la robustez en su construcción, ii) un elaborado diseño barroco y iii) una vistosa decoración a base de grecas, cenefas y listones en una tonalidad del color rojo ocre. Estos dibujos han llegado hasta nosotros gracias a que algunas fachadas han sido cuidadosamente restauradas, incluyendo el repintado de las figuras originales que, en la mayoría de los casos y dada su antigüedad, estaban a punto de desaparecer. Dada la incultura de la mayoría de los políticos encargados de proteger nuestro patrimonio a través de los tiempos, es más que probable que ejemplares de este tipo de almenas hayan sido destruidos cuando los edificios que las albergaban fueron demolidos para construir en su lugar bloques de pisos con fisonomías parecidas a otros, que lo mismo podrían hallarse en Helsinki, Oklahoma City o Tananarivo, por poner tres ejemplos de ciudades distantes que nada tienen que ver con nosotros. 
En esta entrada nos proponemos únicamente mostrar algunas de estas preciosas almenas que han sobrevividos al paso del tiempo, dejando para más adelante una descripción detallada tanto de ellas mismas como de las fachadas de los peculiares caserones donde están ubicadas. Decir únicamente, que a pesar de los intrincado de su diseño, los pilares de casi todas las almenas expuestas –todas son “almenas desplegadas”, según la clasificación que ideamos y publicamos en su momento- siguen el esquema que denominamos G02REC (ver la última fotografía). Es decir, pilares de sección cuadrangular con una estrecha cornisa en su parte media alta y otra más ancha, con varias molduras, en el extremo superior. Hay que señalar que la peculiar almena mostrada en la primera de las fotografías tiene forma de medallón, careciendo del armazón que, a modo de “columna vertebral”, constituye el pilar de la almena; es quizás la única de estas características existente en San Fernando.

miércoles, 13 de julio de 2016

La casa Micolta I (la fachada)

La denominada casa Micolta es una casa palacio del siglo XVIII que junto con otras, más o menos monumentales, jalonaban el antiguo Camino Real a su paso por la Isla de León en dirección a la ciudad de Cádiz -o hacia al Puente Zuazo, según se mire-. Después de tener diferentes usos durante sus más de dos siglos de existencia –se dice en La Isla que fue la sede de la primera Capitanía General de la Zona Marítima del Estrecho-, el edificio fue adquirido por el municipio que, una vez rehabilitado, lo ha destinado a viviendas en alquiler. Creo que no está de más decir que, a veces, una de las soluciones para la conservación del paisaje urbano de los casos antiguos de ciudades como El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera o Cádiz, es la remodelación de esas enormes casas palaciegas, imposibles de mantener por particulares, para que conserven su habitabilidad. Digo “a veces” porque no siempre es posible hacer particiones en estos palacetes sin destruirlos totalmente. Así, por ejemplo, mientras que en la casa Micolta ha sido adecuada esa reforma manteniendo el patio y la escalera noble, no lo sería en la casa Lazaga sin que el palacio perdiera todas sus características arquitectónicas interiores. La casa Lazaga debe ser conservada integra, y darle, por ejemplo, un uso museístico. He visto en muchas ciudades europeas como antiguas casas han sido convertidas en museos etnográficos donde se recrean ambientes de otras épocas usando mobiliario, cuadros, cerámica y utensilios antiguos de mayor o menor valor. De esta manera se conservan edificios y se crean museos contextualizados con colecciones que pueden ir creciendo poco a poco mediante compras y donaciones, y que se exponen en un ambiente acorde con la naturaleza del edificio: fortaleza, palacete, casa de campo, etc. Por tanto, lo que hace falta es imaginación, profesionalidad y una política de conservación adecuada para que ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, San Fernando, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, etc. conserven sus peculiares y bellas panorámicas urbanas forjadas durante siglos, y no se terminen pareciendo a cualquier barriada de cualquier ciudad impersonal de las muchas que hay repartidas por el mundo. (Recomiendo pasear por estas ciudades y comprobar la ingente cantidad de casas palacios que se están hundiendo sin remedio; en este sentido, parece que, al menos externamente, en la ciudad de Cádiz es donde hay una mejor conservación de su espléndido caserío). Dicho esto, vamos a ver que podemos decir de la casa Micolta que, por ahora, ha sido salvada para que los “cañaillas” del futuro puedan contemplarla. 
La fachada de este antiguo palacete constituye un gran rectángulo (ver las fotografías superiores) donde los diferentes elementos están ordenados mediante una rigurosa cuadrícula neoclásica de cierta complejidad ornamental. Aunque el clasicismo es el estilo predominante, el barroco hace su aparición en las almenas y en ciertos detalles constituidos fundamentalmente por moderados ribetes curvilíneos de carácter decorativo, principalmente, en el pretil almenado y en los alrededores del blasón que preside la puerta de entrada. 
Las líneas verticales de la cuadricula están determinadas por seis pilastras y las dos líneas que trazan los bordes laterales del edificio. Cada una de ellas parte desde el suelo hasta culminar en una almena. Así pues, la casa posee ocho almenas: seis sobre las pilastras y dos más que sirven para rematar los bordes verticales de la fachada. Como puede verse en las fotografías, cada pilastra posee tres capiteles coincidiendo con las tres plantas que el edificio posee. En las dos primeras, los capiteles son del estilo dórico toscano (ver primera de las fotografías inferiores), mientras que los superiores pertenecen al orden corintio (segunda de las fotografías inferiores). 
La gran cuadrícula que estructura la fachada posee un conjunto de líneas horizontales que dan forma a distintos tipos de cornisas y frisos. Así, podemos contemplar tres cornisas (líneas azules de la fotografía superior) que ganan en anchura y complejidad a medida que nos elevamos desde el suelo, siendo verdaderamente soberbia la última, que está en consonancia con el gran pretil almenado que aparece sobre ella (ver fotografías superiores). Las franjas horizontales debajo de las cornisas y justamente encima de los capiteles se encuentran divididas en dos por una moldura, simulando así lo que sería el arquitrabe y el friso (ver la primera de las figuras inferiores) de un templo cásico. En el caso de la segunda planta, la anchura del arquitrabe se reduce a la mínima expresión para resaltar un hermoso friso dórico (ver detalle en la tercera de la fotografías inferiores) que atraviesa el edificio de parte a parte dividiendo en dos el rectángulo de la fachada (franja resaltada en color verde en la fotografía superior). 
Este complejo trazado de líneas perpendiculares, que pueden verse con detalle examinado las fotografías expuestas, tiene como resultado la división del plano de la fachada en veintiocho lienzos de diferentes tamaños, situados todos ellos siguiendo patrones simétricos. Seis, totalmente lisos, se hallan en los bordes izquierdo y derecho de la fachada; siete, también lisos, constituyen los cuerpos existentes entre dos almenas consecutivas, conformando el pretil del edificio. Los quince restantes están ocupados por los vanos del inmueble. Así, en el piso bajo encontramos cuatro cierros cerrados y la puerta blasonada del palacete, mientras que en cada una de las plantas superiores hay un gran cierro abierto en la parte central y dos largos balcones con dos puertas en cada uno de ellos (ver fotografías). Como puede verse, todos los elementos están colocados de forma que se conserva la simetría hasta en el último detalle. 
Por último nos referiremos a los elementos barrocos de la casa. Estos están concentrado en el lienzo que contiene la puerta de entrada y en la parte superior almenada. Como puede observarse en la primera de las fotografías inferiores, en el primer caso, la decoración barroca se despliega alrededor del escudo que corona la puerta de entrada. Consiste en una orla de trazado curvilíneo de cierta complejidad y en tres molduras donde predominan las líneas curvas. Todo ello crea un pequeño espacio barroco que, obviamente, tiene como objetivo resaltar el blasón de algún antiguo dueño de la casa. Las líneas curvas vuelven a manifestarse en la parte superior de la fachada: en el pretil almenado y en las propias almenas que son claramente barrocas. A estas dedicaremos la siguiente entrada.



La casa Micolta II (las almenas)



La casa Micolta posee ocho almenas. En la primera de las fotografías superiores puede observarse que seis de ellas están en la vertical de las correspondientes pilastras que adornan la fachada del edificio. Sin embargo, al no haber pilastras en los bordes del rectángulo de la fachada, el diseñador de la misma añadió dos más para que el lienzo estuviera debidamente rematado por un conjunto de almenas que abarcara todo el ancho de la casa. Esta peculiaridad hace que las dos almenas de los extremos estén situadas a menor distancia de sus dos vecinas inmediatas (ver fotografías). En mi opinión, esta característica, que rompe con las equidistancias propias del clasicismo dominante, infiere un dinamismo barroco a la franja superior del edificio. Característica que se encuentra resaltada mediante el uso de molduras de trazado curvilíneo que adornan el pretil a ambos lados de las almenas.
Los pilares son ligeramente más alto que el pretil. Sin embargo, en las proximidades de las almenas, éste se hace más alto hasta llegar justamente al pie de gran adorno que las ornamenta (ver fotografías). De esta forma los pilares quedan totalmente embutidos en el pretil de dos alturas que la casa posee. Observando el diseño de la parte superior de las almenas –el adorno (segunda imagen superior)-, es evidente que nos hallamos ante un modelo único. Por tanto, a diferencia de otros tipos, no es posible encontrar en San Fernando otras que se le asemejen. Cada una de ellas culmina con un gran pináculo, a modo de trofeo, compuesto por una cantidad considerable de cuerpos geométricos superpuestos (ver dibujo en la segunda imagen); todos ellos de sección cuadrangular El estilo barroco se manifiesta en casi todos sus elementos, observándose un amplio despliegue de alternancia en líneas rectas y curvas. A continuación se expone una galería de fotografías tomadas en diferentes días y con distintas coloraciones del cielo.